La gente festeja eufórica el triunfo.

 

Decenas, centenas, miles invaden la principal avenida.

 

Saltan, gritan, flamean las banderas,

 

se hermanan con desconocidos,

 

beben, saludan, lloran.

 

Dos muchachos van hacia la vidriera donde está

 

el bichicome

 

y saltan alrededor de él,

 

convocándolo

 

para que también se una al festejo.

 

El bichicome,

 

parado,

 

con su saco todo roto,

 

pero que supo ser nuevo alguna vez

 

los mira,

 

y permanece como todos los días

 

a esta hora,

 

erguido, solemne

 

elegante.

 

Con su figura flaca de quijote

 

los mira sin expresión,

 

y los muchachos, saltando se van

 

a continuar el festejo

 

y mientras las decenas, centenas, miles de personas

 

Deliran

 

el bichicome permanece mirando el horizonte

 

como todos los días,

 

a esta hora,

 

sobre la principal avenida

 

 

Andrés Caro Berta

 

2.7.2010

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