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Categoría: Actividad teatral anterior a 2017

El antes, durante y después de la actuación en esta localidad coloniense de unos 800 habitantes.

 

 

EL ANTES

 

 

Este pueblito de unas 800 personas está lejos de todos lados porque una sola compañía de ómnibus entra y una vez al día, algunos días. Está en el límite entre Colonia y Soriano. Gente trabajadora de campo, con algunos grandes terratenientes alrededor, mucha muchachada y más chiquilinada.  Allí el  Club A. Independiente cumple 75 años y el sábado 13 de mayo  fuimos invitados como parte de los festejos, por la Comisión de Damas.

 

 

El ómnibus salió a las 8 de la mañana de Montevideo y llegó a Cardona a eso de las 10.45. Un auto estaba esperándonos. Nos bajamos en la Agencia de la Empresa, un bolichón con una pareja veteranísima de dueños, malhumorados. De allí nos fuimos primero por una hermosa carretera y luego otra de menos calidad, unos 16 km. Cuando llegamos a Colonia Miguelete, apareció ante nosotros, alrededor de la calle principal (que tiene a la izquierda y derecha sólo dos más paralelas) casitas de una planta, algunas de ellas recordatorias de un pasado de inmigrantes suizos. Paramos en la Iglesia Evangélica Valdense. El sol ya picaba a pesar de ser mayo. Al costado de esa construcción de los 800, otro edificio casi igual. Al entrar nos encontramos con un salón multi uso, gimnasio, de reuniones sociales que dicha iglesia prestaba a la comunidad y ahora alquila a un 10% de lo recaudado. El escenario es muy amplio, con una acústica que envidiarían muchas salas de la capital. Detrás del telón ya nos esperaba parte de la escenografía que habíamos pedido. Un sofá, dos mesitas y una radio antigua. Parte de la Comisión de Damas del Club Atlético Independiente nos rodeó tratando de solucionar lo que faltaba. Apareció un televisor, un bol, un vaso con agua… Un hombre trajo dos jirafas con dos reflectores cada una, para iluminar el escenario  y así poder eliminar los tubo lux que había dentro. Un discman y un parlantecito era la consola de sonido. El que lo manejaba estaba encargado también de los movimientos del telón. No había tablero de luces. Al mediodía fuimos al club y allí las mujeres amasaron tallarines y Mónica trajo de su casa una salsa con tomate y dos kilos de carne picada. Su esposo, José, el anfitrión nos invitó a una copa en el mostrador. Luego de almorzar esa riquísima pasta, con panqueques de dulce de leche, como postre partimos al salón comunal. Ensayo de sonido, el hombre aprendiendo con ese discman a manejar el disco que yo llevé. Mientras le indicaba en qué momento largar cada track, se preparaban los últimos detalles. Ya las sillas de plástico estaban esperando a un centenar de personas. Colonia Miguelete tiene unos 800 habitantes y la difusión de la obra se había hecho en una camioneta con parlante, algún canal y alguna emisora de radio de la capital departamental, Colonia del Sacramento, además del boca a boca. Luego vino una pasada de los actores tratando de recordar la letra y luego un ensayo general con música incluida.

 

 

DURANTE

 

 

A la hora de la función, 20 horas, ya comenzaron a llegar los espectadores. Niños, muchos niños, mujeres y parejas jóvenes. La expectativa era enorme. Desde hacía ya más de 4 años no estaba más el grupo teatral de allí y se nos esperaba con mucha ansiedad. El salón estaba lleno. Cuando estuvo todo pronto, José dijo unas palabras, recordó que estábamos por actuar dentro de los festejos de los 75 años del Club A. Independiente y me invitó a mí. Traspasé el telón y me encontré con un gimnasio lleno de gente que me recibió con aplausos. Me intimidó la avidez por lo que iban a ver. Los niños, muchos, se juntaban en el piso, adelante. Comenzó la función. La primera parte fue de un silencio cortado por alguna risa. Los niños comenzaron a cansarse pero la entrada del actor por la platea haciendo bromas y preguntando algo relacionado con el personaje femenino desató la risa y el comentario. Los chicos fueron los que dieron las respuestas. Otra vez silencio y risas espontáneas. Yo estaba detrás del escenario, tocando el hombro al encargado del sonido cada vez que iba un track distinto. Impecable el hombre. Cerca del final, cuando Pedro dice en la obra: "Y la gente aplaudía" saltó un aplauso enorme, contagioso desde la platea. Terminó la obra en medio de una gran ovación.

 

 

EL DESPUÉS

 

 

Bajamos a la platea a saludar. Allí la gente agradecida. Sorprendida "por la profesionalidad de los actores, no estamos acostumbrados", y las referencias al pueblo: "Acá nosotros tenemos…" "Y está por venir una profesora de teatro de Colonia, para los niños", "Nosotros tenemos un buen nivel cultural" Esto último es palpable. Gente de campo, la mayoría lecheros, amantes del canto coral, el teatro, pero sin cine, ni teatro, ni video club y un solo cyber con dos máquinas destartaladas. Terminada la función, la Comisión de Damas nos halagó con una "picada" Cada una de ellas trajo de su casa pascualinas, tortas de fiambre, trufas, pebetes, etc., todo regado con refrescos y por fin, casi al final una cajita de tintillo. Los actores se fueron para Montevideo y yo me quedé. Dormí en una casa que habían preparado para la ocasión y al día siguiente, de mañana fuimos al fondo de la escuela donde estaban preparando decenas de pollos asados y arrollados. José y Mónica, sus dos hijos, Martín y Gabriel y yo volvimos a la casa de ellos. Ahí tuvimos un hermoso almuerzo con pollo y ensalada, y después fui invitado al partido de fútbol entre Independiente y un cuadro del pueblo vecino, por la liga. Y allí, el orgullo de la Comisión de Damas, las tortas fritas. Unas diez mujeres se hablaban todo en medio del amasado y fritado de cientos de esos manjares. Ganó Independiente, ahí ahí. Y luego, al anochecer, una pasada por el club esperando el ómnibus. Mónica me mostró la biblioteca municipal donde trabaja y José me presentó a un montón de gente, mientras se mostraba orgulloso del espectáculo que había traído. "Ja, muchos dudaban cuando les conté de la obra, pero ahora los que no vinieron ayer, se van a morir de envidia" Me fui a las 20 con la promesa de volver. Gente solícita, una gran familia. En el club, los jugadores prolongaban en una mesa grande la charla luego del partido, todos muchachos muy jóvenes, alguno de ellos con un buzo de La Trampa, un grupo de rock montevideano. Gente linda, trabajadora. "Acá no hay desocupados. Siempre algo hay" Regreso con las felicitaciones de muchos lugareños que eran parados por José para presentarme, todo orgulloso: "El es el director" y su comentario: "Y ahora a preparar otra obra para volver" Y la verdad es que dan ganas…