Drama Universal. 

El plan previo de la obra, lo que Andrés Caro Berta en tanto director debe haber pretendido lograr antes de comenzar, sin duda logró plasmarse en el escenario a la perfección. En este caso cuenta, además, con la complicidad de una

 

Crítica aparecida en

Guía del Ocio

05.10.07 

Leonardo Flamia

 

María es una joven del Interior que trabaja de empleada doméstica para tratar de sobrevivir en Montevideo. La obra se desarrolla en una habitación de pensión, en donde vemos a María que dialoga con consigo misma y consulta a la Virgen sobre su vida.

El monólogo no se desarrolla linealmente sino que hay saltos temporales en la forma en que se estructura el texto.

La muchacha es supersticiosa y de una  educación precaria, esto hace que varios personajes que se cruzan en su vida traten de aprovecharse de ella.

En el transcurso de la obra, además de darnos una idea clara de la psicología del personaje, el autor pinta una realidad social en donde de alguna forma, prima la ley del más fuerte.

Y tal como aparece en la obra, la estratificación previa al individuo permite muy poca movilidad real.

Tanto María como los integrantes de la mansión  de Carrasco donde trabajó un tiempo, están fuertemente marcados por su “clase”, por su origen, por la realidad social que los forma.

La sexualidad, la vivencia sexual, es parte de estas diferencias.

 

El giro que tiene la obra al final parece darle un carácter universal  y atemporal a la temática.

 

Más allá del texto y sus implicancias, el trabajo de construcción del personaje es perfecto.

Vamos conociendo a María no sólo por lo que dice ella de sí misma, sino por “como” lo dice”

Los gestos de Mariana Pagani en su interpretación parecen realmente estar motivados por sentimientos puntuales. 

El personaje cobra vida gracias al gran trabajo de la actriz y del director. Cada inflexión en la voz, cada palabra mal pronunciada, cada movimiento en el escenario parece haber sido meditado y ensayado hasta el más mínimo detalle para sentir, además de ver, el drama de María.

 

El plan previo de la obra, lo que Andrés Caro Berta en tanto director debe haber pretendido lograr antes de comenzar, sin duda logró plasmarse en el escenario a la perfección.

Al igual que en “La mejor historia de amor” Caro Berta demuestra gran capacidad para crear personajes comunes, creíbles en sus manifestaciones, más allá de la acción que protagonicen. En este caso cuenta, además, con la complicidad de una actriz que sorprende por su  ductilidad y seguridad sobre el escenario.

 

 

Leonardo Flamia

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