Quizás la próxima sea la vencida. Luego de una frustrante primera película, vuelve el entrañable Mr. Bean, esta vez de vacaciones en Francia.

 

Psic. Andrés Caro Berta

Miembro de la Asociación de Críticos de Cine del Uruguay/ Fipresci

(Publicada en diario CAMBIO)

 

 

DIFICULTADES DE TRASLADAR MR. BEAN AL CINE

 

Quizás la próxima sea la vencida. Luego de una muy frustrante primera producción cinematográfica "La película del desastre", Atkinson, vuelve a poner en la pantalla grande a su personaje más entrañable, Mr. Bean.

 

Claro, Bean tiene un formato ideal para la televisión. Como buen personaje (casi) mudo, se nutre de una serie de gags en torno a una anécdota determinada que no dura más de 15 minutos.

Pero estirar ello a un largometraje tiene sus dificultades.

 

Otro de los problemas es incorporar más protagonistas (ya les pasó eso  negativamente a grandes como los Hermanos Marx y Laurel y Hardy, aunque el caso de ellos sea diferente porque no eran propietarios de sus guiones y se perdían en tonterías de cantos y bailes que nada agregaban al humor magnifico de sus verdaderos protagonistas)

 

Si bien, aquí, el niño y la muchacha son apenas articuladores de este británico medio, sus presencias en la película no logran estar a la altura del disparate del personaje y opacan el resultado. Porque además, el único que hace reír es Mr. Bean (o lo intenta) Los demás actúan como si estuvieran dentro de una película "seria" al servicio de… Lo cual funcionaba en la serial pero no aquí.

 

 

DIFERENCIAS CON EL DE LA PANTALLA CHICA

 

Mr. Bean, serial de la televisión británica, comenzó el 1 de enero de 1990 por la cadena independiente ITV y se prolongó hasta el 31 de octubre de 1995.

Tuvo tanto éxito que llegó a tener 18 millones de espectadores durante el episodio The Trouble with Mr. Bean, en 1992.

Eso lo llevó a la televisión de gran parte del planeta y hasta generó, además de estas dos películas, una serial animada.

 

El Bean de la televisión es mucho más bizarro. Es cruel con los demás (es despreciativo, rencoroso, envidioso), también lo es consigo mismo al mostrarse avaro a la hora de disfrutar. Pero también esconde mucha necesidad de afecto que apenas vuelca en su osito de peluche, Teddy y en su auto Morris, su bien más preciado.

Si bien en algún capítulo aparece una novia llamada Irma Gobb, interpretada por la hermosísima (y afeada) Matilda Ziegler,  Mr. Bean nunca llega a establecer una relación de pareja con ella. Sostiene su barrera afectiva y una soledad que le pesa, pero de la que no puede salir. Sólo basta recordar los episodios de fin de año, o el festejo en solitario de su cumpleaños, en un restorán, como para ver el dolor que encierra el personaje.

 

 

LA HISTORIA

 

Acá la anécdota es sólo un pretexto, lo cual está bien. A partir de ganar un premio para pasar sus vacaciones en Francia, Bean parte vía París hasta Cannes.

Entre medio, un poco traído de los pelos, pide a alguien que le saque unas fotos a punto de partir en el tren y ese hombre finalmente no puede ascender, dejando a su hijo desconsolado arriba. Bean se siente un tanto culpable con lo sucedido y allí se establece una relación de amistad entre dicho niño y él, en un recorrido accidentado hasta el balneario.

 

Otro tema también que se incorpora forzadamente resulta el de involucrarse circunstancialmente con una filmación de un aviso comercial, a cargo de un director norteamericano pedante, donde conoce a una muchacha aspirante a actriz, gracias a lo cual, finalmente podrán llegar los tres a Cannes, en un auto igualito al de él, el viejo y querido Morris verde lima.

 

En fin… Esas cosas son como guiños al espectador para que las pase por alto, porque lo importante es la diversión. Pero allí es donde falla esta película. Sólo en dos o tres escenas, Mr. Bean vuelve a ser el de siempre y así favorece la carcajada. En el resto, uno mira el filme cariñosamente, pero nada más.

 

En lo que falla también el libreto es en las reiteraciones de gestos y sucesos repetidos (mucho) de la propia serial. (Por ejemplo, sus desventuras en un restorán, el dormirse en el auto, como le ocurría en una iglesia, el consolar a un niño angustiado con recortes de papel sobre sus ojos, en medio de morisquetas que no producen el efecto deseado…)

 

 

MEJOR QUE LA ANTERIOR

 

Muy superior a la primera, "La película del desastre" de la que el propio Atkinson reconoció luego como muy "norteamericana", esta nueva si bien muestra un personaje consustanciado con el que conocimos a través de la televisión, resulta una pálida muestra de todo lo que puede dar el mismo.

 

 

LA SOMBRA DE TATI

 

Claro, otro punto en contra es el recuerdo de Jacques Tati, con su Mr. Hulot y aquella magnífica obra "Las vacaciones del señor Hulot", una película para disfrutar de cabo a rabo; un personaje, Mr. Hulot  que tiene muchísimas similitudes con Mr. Bean (aunque es menos odioso que éste) y que además ubica su anécdota con el fondo de un viaje accidentado hacia las costas francesas.

 

En notas anteriores informábamos de las declaraciones de Atkinson donde mencionaba justamente ese antecedente a la hora de revisar material para aportar a esta producción.

 

 

EN DEFINITIVA

 

Este Mr. Bean que va a Francia a disfrutar de unas vacaciones gratuitas es apenas un pálido reflejo de aquel personaje que nos hizo reír (y reflexionar) a través de la serial televisiva. Quizás, tristemente, hay que reconocer que la fórmula está agotada. El propio Atkinson había reconocido su hastío hacia Mr. Bean por lo que lo había dejado de lado.

Quizás, si toma los libretos y la dirección alguien que corrija la reiteración de ese envidioso hombre mediocre, y le aporta nuevos bríos, retome el humor sardónico y que nos identifica a cada uno de nosotros con él, porque en definitiva, todos somos un poco Mr. Bean.

 

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