Uno de los momentos sublimes de las transmisiones deportivas en televisión es cuando uno apaga el audio.
Ahí descubre que puede realmente conectarse con lo que está viendo, sin la molesta persistencia de un relator que no hace más que contar lo que uno está observando, y un comentarista que abunda en lugares comunes, o se distrae bromeando sobre cosas que no tienen nada que ver con el partido, incluidas bromas entre ellos que sólo ellos entienden y divierten, o con estadísticas absolutamente intrascendentes.
Además, ahora que no se va casi nunca a los estadios extranjeros por recorte de presupuesto, los relatores lo ven por televisión (como nosotros), entonces, cuando la transmisión enfoca a los que están en las gradas, nos cuentan también sobre ellos, en una forma mecánica de relatar todo lo que ocurre, sin usar mínimamente el cerebro.
Esa mediocridad en los relatos se da incluso cuando al comienzo de un campeonato o al final del mismo se presenta una ceremonia con un espectáculo para disfrutar desde lo visual y lo auditivo. Estos relatores no dejan escuchar la música (que fue hecha para eso, ser escuchada) contando tonterías para ocupar el tiempo, sin la más mínima autocrítica… de ellos, y los gerentes y los dueños de los canales.
(Lo mismo ocurre en la entrega anual de los Oscar…Cuando aparece la música, donde sea, salta quien relata para hablar del vestido, de la mamá, de los nenes, de una película que no se acuerda, de, de, de…)
Eso se asemeja perfectamente a lo que ocurre con los malos docentes y conferencistas que se apoyan visualmente en un power point, y se dedican a leer exactamente lo que muestra la pantalla, para aburrimiento y rechazo de quienes están observando.
Si quieren, compartan estas reflexiones. Quizás logremos hacerlos decir algo interesante.
Señores gerentes y dueños de los canales: La televisión cambió. Ahora hay otras alternativas. No sean tontos. No pongan a repetidores, sino tipos que seduzcan con un relato inteligente y un comentario ídem a quienes estamos observando los partidos.
Se van a quedar sin público… ni avisadores, que es lo que les importa.
Andrés Caro Berta
