Vale la pena verla. Muy buen filme del llamado thriller político – policial, que recuerda a todo el cine, como decía al comienzo de la crítica, de los 40 y 50, y con un final que permite reflexionar…
(Publicado en diario Cambio)
CUANDO LOS MALOS TIENEN OTRA OPORTUNIDAD
DADA POR LOS ERRORES DE LOS BUENOS
LOS ANTECEDENTES
Las películas de periodistas que buscan la noticia más allá de lo que lo hace la policía o la Justicia tiene una larga tradición en el cine norteamericano.
Los filmes que apuntan a la conspiración del Poder, con políticos corruptos que defienden los intereses no de los ciudadanos sino de empresas, y los otros, aquellos incorruptibles que deben enfrentar corporaciones que socavan el poder de las instituciones del Estado, también conforman un sólido grupo dentro de la filmografía de ese país.
Casi desde el comienzo del cine se han dado ejemplos en ese sentido, con denuncias realmente graves.
Ese género de policial “negro” (denominación que se le da a aquel material literario o fílmico, que apunta a lo descarnado de la investigación detectivesca, frente a la corrupción de los poderosos) tiene ejemplos notorios.
Incluso, en la década del 40 y en la del 50 se reforzó con excelentes libretistas, directores y actores que realizaron producción que mantienen el mejor recuerdo.
Un ejemplo curioso, dentro de ese panorama, se dio un El Embajador del Miedo que tuvo dos versiones que si bien parten y apuntan a lo mismo, cambian la intriga y la intención de sus protagonistas.
La primera, filmada en los iniciales años 50, con Frank Sinatra era decididamente un manifiesto anticomunista, que buscaba llevar a la Presidente de los Estados Unidos a un representante antinorteamericano.
Curiosamente, cuando se hace la remake, con un estupendo Denzel Washington la conspiración para quedarse con el sillón presidencial parte del propio sistema político de ese país. Son un grupo de corruptos que buscan poner en el cargo más alto de la Nación a determinado individuo que hace los favores a intereses económicos bien sólidos y norteamericanos, que además pudren a países como Irák
Acá, en Los Secretos del Poder aparece mucho de lo indicado anteriormente. Es un filme de investigación periodística, de denuncia, pero también va un poco más allá mostrando entre líneas que lo hacen más interesante.
LA HISTORIA
Dos asesinatos en pocos minutos motivan a dos periodistas de un mismo diario el interés por la noticia.
El, impactado por estar involucrado un amigo suyo, un congresista que busca ganarle la batalla a una empresa de negocios fraudulentos.
Ella, periodista amarillista, interesada en escalar dentro del periódico.
El congresista que sufre la muerte de su amante esa noche, quien actuaba como su secretaria arremete contra ese grupo inversor, comprometido con la Defensa e involucrado con la guerra de Irák, que le está produciendo magníficos réditos.
Así, presentados los hechos, poco a poco el bisturí de la historia va profundizando en la piel de cada uno de los personajes y lo que parecía simple, termina complicándose con situaciones (de todos los involucrados) no tan claras.
Aparecen historias del pasado del periodista con la mujer del congresista; éste es manchado públicamente por esa relación de amantes con la mujer asesinada; la directora del periódico debe soportar y tironear las exigencias de los accionistas del diario, que no se sabe muy bien a qué juegan; y así sucesivamente.
Hasta los minutos finales, el filme se desarrolla en el acostumbrado estilo de thriller de suspenso, donde la idea de una conspiración (desde la negación inicial por parte de las autoridades policiales) va creciendo hasta concretarse por el cúmulo de datos, sumado a la labor insalubre y bohemia de ese periodista (prototipo de tantos otros) que luego de culminar su nota parece que vuelve a ir buscando otra noticia de interés para involucrarse, pero algo sucede que es lo que le da a la película un valor inesperado que no tenía hasta ese momento.
Por supuesto que los finales no se cuentan, pero verán que los tramos últimos dejan a uno pensando… y dándose cuenta cómo a veces se puede embarrar hasta las buenas causas, logrando que los buenos pierdan, y los malos… sigan lucrando…
Russell Crowe es un muy buen actor australiano- neozelandés que desde 1995 viene cosechando éxitos en Hollywood, y ganado un Oscar por Gladiador.
Lo curioso de su participación en esta película es que aquí casi repite un personaje muy similar que protagonizó en Gángster Americano junto a Dezel Whasington (aunque aquí se tratara de un policía, pero también muy bohemio) frente al mafioso elegante y glamoroso.
Metido en el personaje del periodista Cal McAffrey, con quince años de actividad en el Washington Globe (juegos de palabras con hechos reales ya que se alude al Washington Post y además se menciona al emblemático edificio Watergate), busca descubrir las telarañas de una empresa que se está nutriendo de negocios de guerra.
Ben Affleck (Hollywoodland, por ejemplo, donde interpretó al actor que hacía de Superman en los 50; y que debutara como director con Desapareció una noche) es el ambicioso e incorruptible congresista Stephen Collins, que ve frustrado su ascenso político cuando muere su amante y secretaria. Affleck está bien, pero últimamente sus caracterizaciones están siendo similares de película en película, aunque cambien los personajes.
En un papel secundario, como la editora del periódico Cameron Lynne, aparece la excelente HELEN MIRREN (La Reina, Muerte a la Medianoche/Gosford Park), premiada con el Oscar), en tanto Rachel McAdams (Diario de una pasión, Vuelo nocturno) interpreta a la nueva periodista, dedicada a lo sensacionalista, Della Frye
Los secretos del Poder se basa en una miniserie británica de seis capítulos llamada State of Play, de la BBC que fuera creada por Paul Abbot, que aquí actúa como productor.
Cuenta con un muy buen libreto de Matthew Michael Carnahan y Tony Gilroy que le dan la excelente trama con sostenimiento del suspenso, al filme
El director de fotografía es Rodrigo Prieto (Amores perros, Alejandro Magno, entre tantas) quien le aporta un estilo oscuro y nervioso a la historia.
Kevin Macdonald hace una muy buena dirección sabiendo darle un ritmo constante, con los tiempos de suspenso bien distribuidos, y no bajando en ningún momento el ritmo
Vale la pena verla. Muy buen filme del llamado thriller político – policial, que recuerda a todo el cine, como decía al comienzo de la crítica, de los 40 y 50, y con un final que permite reflexionar…
